Sencillo dibujo vectorial de una manada de lobos con piel de cordero y una sola oveja entre ellos.

Por Jorge Rojo

En el último Expert Council Meeting Adrián Bono, periodista, consultor y miembro de la Red de Expertos de Opinno, compartió las claves del aumento de la desinformación en el mundo actual, cómo la Inteligencia Artificial generativa está contribuyendo a la generación de fake news y qué podemos esperar del futuro de la información.

¿Cómo vivir en la sociedad de las fake news?

Un vídeo de la Torre Eiffel en llamas, imágenes explícitas de Taylor Swift o un audio de Joe Biden pidiendo a los votantes que no participaran en las elecciones de New Hampshire son algunos de los ejemplos de desinformación perpetrados con ayuda de la GenAI en las últimas semanas. Aunque la inteligencia artificial nunca fue necesaria para la desinformación, el nacimiento de estas nuevas tecnologías facilita la creación y difusión de noticias e informaciones falsas como nunca hasta ahora.

En este panorama, las agencias de fact checking (verificación de hechos) han ido adquiriendo relevancia y adoptando un papel cada vez más imprescindible en nuestra sociedad. La verificación de hechos en el sentido moderno difiere de las prácticas periodísticas tradicionales. En lugar de verificar la información antes de su publicación, la tarea de los fact checkers es la de examinar contenido que ya está en el dominio público y que tiene el potencial de influir significativamente en la opinión pública o en la política. Esta forma reactiva de verificación de hechos es una herramienta crítica en la batalla continua contra la oleada de desinformación que amenaza con distorsionar el discurso público.

El regreso de la confianza

En medio de esta oleada de desinformación generada por IA, está emergiendo un fenómeno contradictorio: un regreso de la confianza en los medios tradicionales. A medida que el espacio digital se satura con contenido falso, incluyendo vídeos e imágenes, la confianza de las personas en el contenido online se está erosionando y pierde relevancia el qué se publica frente a quién lo publica. Este escepticismo lleva a una renovada fe en los medios de comunicación tradicionales, que se vuelven a posicionar como fuentes confiables de información. Por primera vez, la existencia de imágenes, vídeo o audio no son una prueba irrefutable de veracidad, por lo que el origen de la información ha vuelto a cobrar una relevancia que estaba desapareciendo.

En un inesperado giro de los acontecimientos, los medios convencionales, que habían perdido terreno frente a las plataformas digitales, pueden recuperar su papel como el principal guardián de la veracidad. Este retorno a las fuentes de medios tradicionales para obtener noticias verificadas podría marcar un cambio significativo en la forma en que se consume y confía en la información.

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