En un mercado laboral rodeado de incertidumbre, se vislumbra una clara tendencia que permitirá el acceso a nuevos empleos y formas de colaborar con las empresas. Se trata de un nuevo impulso a la revolución tecnológica que, en estos tiempos de cambio, va a poner a prueba la capacidad de iniciativa de todas las personas. Si a esto se une la clara necesidad de crear sociedades más inclusivas, el “todas las personas” debería, por defecto, incluir a personas con discapacidad. Eso es exactamente lo que nos planteó Fundación ONCE.  

Su objetivo no podía ser más claro y contundente: formar en competencias digitales y tecnológicas a personas con discapacidad, concretamente en programación web, para facilitarles el acceso a una de las profesiones tecnológicas con más demanda en el mercado, y reconducir así su carrera profesional de manera exitosa. Un objetivo ambicioso y más válido que nunca, que nos hace reflexionar sobre la conveniencia de extenderlo a la sociedad en su conjunto.

Nuestro papel es el de coordinadores y proveedores de la formación”, nos explica Libia Renza, Directora de Proyecto de Opinno. “También trabajamos con Fundación ONCE en la selección inicial de los asistentes y la coordinación de empresas externas que han impartido clases magistrales y talleres para facilitar una visión del día a día de esta profesión, abriendo además sus puertas a los futuros programadores para la realización de prácticas”, matiza Libia.

Con un título que ya planteaba en si un desafío - “Programación para no programadores” - una de las claves para el éxito del curso ha sido eliminar la barrera cultural que los ciudadanos, en general, hemos construido con respecto a la programación, esa sensación de que se trata de algo adecuado solo para los muy listos de la clase.

Estamos hablando, sin embargo, de un verdadero lenguaje universal, más accesible de lo que pensamos, y el único que permite construir nuevas realidades y literalmente programar cambios en el entorno de forma inmediata”, aclara Libia. Aprender programación además refuerza la sensación de seguridad y control, la capacidad creativa y el orgullo y satisfacción del resultado comprobable. Una reflexión que deberemos incorporar en una nueva mirada al mundo que nos rodea y desde luego en nuestro sistema educativo.

El curso consta de tres fases. Durante la primera, en la que se impartieron 250 horas para fijar los conceptos y las tecnologías básicas de programación, se presentó un reto adicional del que todos hemos sido testigos involuntarios, el Covid-19.  “Cuando recibimos el encargo de Fundación ONCE para coordinar un curso presencial de 800 horas, que dio comienzo el pasado mes de diciembre, poco imaginábamos que una pandemia iba a poner a prueba nuestra capacidad de reacción y adaptación, teniendo que realizar la transición de un curso presencial a otro virtual en tiempo real y a mitad de proyecto”, recuerda Libia.

Para asegurar el acceso en igualdad de condiciones para todo el alumnado, el nuevo formato online implicó la integración de adaptaciones de accesibilidad como, por ejemplo, el subtitulado automático o la presencia de un intérprete de lengua de signos en remoto para el caso de un alumno sordo signante.

La segunda y tercera fase del curso se imparte a 30 de alumnos de forma simultánea en Madrid, Valencia y Barcelona. Tiene como objetivo dedicar 550 horas a programación web, metodologías de innovación y competencias transversales. Una vez superada la formación, la última fase implica prácticas reales en empresas colaboradoras de Fundación ONCE e Inserta Empleo.

Estas empresas, además de los beneficios fiscales y económicos que supone formar en prácticas a alumnos de Fundación ONCE, y tener la garantía de nivel inicial, dedicación y entrega personal, ayudarán a crear una sociedad más inclusiva. 

A pesar de los retos vividos, Libia y su equipo ya tienen motivos para celebrar que el 95% de los alumnos continúan activamente en el curso.

 

Además de la satisfacción que supone el impacto conseguido de cara al cliente, la inclusión de personas con discapacidad y como consecuencia, el beneficio a la sociedad en su conjunto, en Opinno nos quedamos con una reflexión final. Como empresa debemos colaborar con nuestro ecosistema y como sociedad, debemos estar más atentos a las iniciativas de quienes llevan décadas persiguiendo el desarrollo personal y profesional de sus colectivos. En esta cuestión, sin duda, Fundación ONCE está marcando el camino.