Por su experiencia en la gestión del riesgo, el sector seguros está llamado a convertirse en un aliado estratégico para atender la intensificación de los fenómenos climatológicos extremos vinculados con el cambio climático. Para ello, es fundamental que las compañías adopten un enfoque basado en la prevención.   

Sector seguros y cambio climático: un nuevo enfoque preventivo para anticiparse al desastre

Foto: Las compañías de seguros tienen la experiencia necesaria para tomar un papel relevante ante el cambio climático. Crédito: Lina Trochez/Unsplash. 

Por Isabel Reviejo 

"Pido a las compañías de seguros privadas que en este momento crítico no se escondan detrás de la letra pequeña y de tecnicismos. Hagan su trabajo. Cumplan con los compromisos que tienen con las comunidades a las que aseguraron". El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, hizo esta petición pública para que las principales aseguradoras del país finalmente cubrieran  los gastos adicionales de aquellas personas que salieron de sus hogares ante la amenaza del huracán Ida, a pesar de no contar con órdenes de evacuación oficiales.  

Los fuertes vientos y las inundaciones desencadenadas por este fenómeno, especialmente en Louisiana y Mississippi, aunque también en otros estados de la costa este del país, han dejado daños que podrían suponer, para la industria de seguros, un impacto de 18.000 millones de dólares en EE. UU. y el Caribe, de acuerdo con la firma Karen Clark & Co, aunque otras predicciones de expertos apuntan a una cifra que podría llegar a los 30.000 millones.      

El paso de Ida es uno de los últimos ejemplos que ponen de relieve la necesidad de las compañías de seguros de estar preparadas ante el aumento y la acentuación de los eventos climatológicos extremos como fruto del cambio climático. En esta emergencia global, las empresas del sector no pueden limitarse a responder ante las catástrofes naturales, sino que están llamadas a tomar un papel cada vez más activo en la prevención de riesgo.  

Fenómenos más intensos e irregulares: la realidad que está por venir 

Si las emisiones de gases de efecto invernadero no se reducen de manera "inmediata, rápida y a gran escala", "limitar el calentamiento a cerca de 1,5 ºC o incluso a 2 ºC será un objetivo inalcanzable". Es la conclusión que los expertos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) han reflejado en su último informe, en el que indican que un incremento de 1,5 ºC vendrá acompañado de un aumento de las olas de calor y un alargamiento de las estaciones cálidas, mientras que con un alza de 2 grados "los episodios de calor extremo alcanzarían con mayor frecuencia umbrales de tolerancia críticos para la agricultura y la salud".  

Y no son las únicas consecuencias: los escenarios previstos por el IPCC también contemplan otro tipo de fenómenos, como la intensificación de las sequías y las precipitaciones, que también pasarían a ser más irregulares, así como un continuo aumento del nivel del mar en las zonas costeras.  

Hoy en día, el agravamiento de estos fenómenos naturales ya está suponiendo un reto para las aseguradoras. Solo en el primer semestre del año, las pérdidas aseguradas por catástrofes naturales ascendieron a los 40.000 millones de dólares, lo que supone la cifra más alta en este periodo desde 2011, según las primeras estimaciones del Swiss Re Institute.  

En España, donde las inundaciones se posicionan como la catástrofe natural que más daños genera —por unos 800 millones de euros al año—, las pérdidas son compensadas parcialmente por el Consorcio de Compensación de Seguros (CCS), adherido al Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, siempre y cuando se tenga suscrito un seguro de bienes o personas. Según los cálculos de esta entidad, el actual Sistema de Riesgos Extraordinarios podría asumir un aumento de entre un 15% y un 20% de la siniestralidad vinculada a los riesgos directos del cambio climático —inundaciones y vientos fuertes— si se mantuvieran las condiciones vigentes del mercado.  

Foto: Las inundaciones, la catástrofe natural que más daños genera en España, serán más frecuentes como consecuencia del calentamiento global. Crédito: Jo-Anne McArthur/Unsplash

Foto: Las inundaciones, la catástrofe natural que más daños genera en España, serán más frecuentes como consecuencia del calentamiento global. Crédito: Jo-Anne McArthur/Unsplash

Un enfoque preventivo para mitigar el impacto 

Ante este contexto, marcado por la incertidumbre, el sector seguros tiene el desafío de evolucionar en su sistema de valoración de riegos para incluir las nuevas amenazas que pueda deparar el futuro y que impactarán especialmente en ramos como el agropecuario o el de patrimoniales. 

"Las aseguradoras tienen una gran experiencia en la gestión eficaz de los riesgos y la identificación de posibles soluciones para adaptarse y mejorar, es su core de negocio y llevan décadas haciendo modelización de riesgos", asevera Patricia O'Donnell, People advisor en Opinno.  

Estas empresas, razona, "deberían ser actores a tener en cuenta a la hora de diseñar cómo adaptarnos a lo que va a ocurrir con el cambio climático", dado que tienen "información privilegiada de lo que pasa, qué amenazas hay y cómo se correlaciona el nivel de vulnerabilidad con el impacto posterior". Además de contar con "una posición privilegiada para mejorar la comprensión colectiva del riesgo" y promover comportamientos más sostenibles, las aseguradoras pueden jugar un papel activo en la prevención y la mitigación del impacto, destaca.  

De acuerdo con O'Donnell, en este ámbito se podría trazar un cierto paralelismo con el cambio que ha experimentado el sector salud: "Se vio que destinar parte de los recursos a una estrategia de medicina preventiva tenía un impacto directo en que el uso de las pólizas de salud fuera menor. Esto es lo mismo: si las aseguradoras hacen esa transición para ser un agente que ayuda en la prevención y a tomar conciencia, el impacto será mucho menor".  

Un ejemplo de estas acciones de prevención sería el estudio sobre el riesgo de inundación de las poblaciones costeras españolas elaborado por el Observatorio de Sostenibilidad en colaboración con el Consejo General de los Colegios de Mediadores de Seguros, que identifica las zonas más vulnerables ante este problema, por el que unas 977.000 personas se verán perjudicadas en los próximos años.   

El compromiso de la industria con el medioambiente ha implicado, también, el respaldo a proyectos sostenibles y a la desvinculación con aquellas actividades que no respondan a la ambición de alcanzar una economía baja en carbono. El pasado junio, el Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente (IIDMA) recomendó a las aseguradoras restringir sus inversiones en compañías con "actividades intensivas en carbono", así como dejar de asegurar a compañías del sector carbón, petróleo y gas que no estén alineadas con las metas del Acuerdo de París.  

En términos generales, el sector ya ha asumido estos compromisos. Por ejemplo, Mapfre se ha comprometido a no invertir en compañías cuyos ingresos vengan, en un porcentaje de un 30% o más, de la energía producida a partir del carbón, y a no asegurar la construcción de nuevas plantas de generación eléctrica a partir de este recurso. Aun así, la industria puede tener dificultades para cumplir con los requerimientos legales relacionados con este cambio y, por otro lado, deshacerse de los activos que no estén en la línea de la descarbonización generará un aumento de su oferta que implicará una fuerte caída de su valor, que puede ocasionar grandes pérdidas financieras si se tarda en el paso a activos sostenibles, explica O'Donnell, quien remarca que "el apoyo con políticas y financiación pública frente a esta transición es imprescindible".     

Otra clave para enfrentar los riesgos que entraña el cambio climático, especialmente en los países más vulnerables, es incrementar la penetración de los seguros en la población. "Los países cuyos mercados de seguros son sólidos se recuperan más rápido de los impactos financieros que provocan los desastres naturales extremos, mientras que los países con baja penetración de seguros enfrentan una disminución en su crecimiento económico y pérdidas fiscales", resalta la Access to Insurance Initiative (A2ii). Una de las soluciones que se plantean para atender a la población de menos recursos es la de los microseguros, con propuestas como la puesta en marcha por la Iniciativa de Seguro Climático de Múnich (MCII, por sus siglas en inglés) en la región Caribe para dar respuesta a las posibles catástrofes medioambientales.  

Foto: Tomar un enfoque preventivo ayudará a las compañías de seguros a mitigar el impacto negativo del cambio climático. Crédito: Markus Spiske/Unsplash.

Foto: Tomar un enfoque preventivo ayudará a las compañías de seguros a mitigar el impacto negativo del cambio climáticoCrédito: Markus Spiske/Unsplash. 

Los datos de calidad, aliados  

En este enfoque de prevención, y como ocurre en otros retos que afronta el sector, la tecnología jugará un papel muy relevante, aunque por sí misma no basta, sino que hay que contemplar "cómo se pone al servicio de los clientes obteniendo un retorno a cambio", remarca O'Donnell. El uso de analítica avanzada e inteligencia artificial, teniendo a las insurtech como compañeras clave, experimentará cada vez un mayor auge, pero implicará, a su vez, hacer una "apuesta fuerte" por la madurez en el gobierno y la calidad del dato.   

Una de las herramientas que están desarrollando las compañías aseguradoras son los seguros paramétricos, con los que los asegurados reciben una indemnización automáticamente si se cumplen unos parámetros previamente acordados. Por ejemplo, un agricultor podría firmar una póliza que recogiera su derecho a cobrar una indemnización si la cantidad de lluvia caída sobre sus cosechas supera una cantidad determinada. Aunque el sector agrícola es el que se puede beneficiar de una forma más evidente de este avance, que aplican empresas como Axa o la insurtech Arbol, esta solución también puede aplicarse a otros ámbitos como la energía, el transporte y la construcción.  

Algunas firmas, como el Grupo Catalana Occidente, ofrecen servicios de alertas meteorológicas, con los que prevén a sus clientes ante el riesgo de lluvias o vientos fuertes. Sin embargo, para afinar los modelos predictivos, medir mejor los índices de vulnerabilidad y desarrollar productos y servicios preventivos adecuados, el sector tiene el reto de hacer que los datos en los que se basan sean cada vez más diversos y de mayor calidad, asegura O'Donnell. En este sentido —agrega—, las aseguradoras tienen la opción de utilizar una herramienta de analítica avanzada que todavía está poco explotada, aunque ya está siendo empleada por parte del sector: los programas de observación de la tierra europeos, que aportan información más exhaustiva que los meros datos meteorológicos.  

Es el caso de Copernicus, que cuenta con un servicio de big data sobre cambio climático con una política de dato abierto para ponerlo a disposición de todas las empresas y sectores. Esto permite identificar riesgos emergentes y nuevas vulnerabilidades potenciales debido a las condiciones cambiantes del clima y los cambios de patrones en las catástrofes naturales, si bien "ni todo es predecible ni hay capacidad económica para hacer pólizas para todo", como recalca Ricardo González, director de Análisis, Estudios Sectoriales y Regulación en Mapfre Economics.  

Aunque las compañías de seguros ya están tomando medidas destinadas a forjar un negocio más sostenible, todavía hay camino por recorrer para que, poniendo la innovación al servicio de los clientes, puedan jugar un papel todavía más destacado en la estrategia de adaptación frente al cambio climático y ser útiles a la sociedad. 

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