La historia de las vacunas viene de lejos. En 1796, el médico Edward Jenner probó a inocular en un niño de 8 años una pequeña cantidad de materia infectada con viruela bovina. Meses después, introdujo el virus en el pequeño y comprobó que tenía inmunidad. Aunque al principio fueran rechazadas por los escépticos, la de las vacunas es una historia de éxito. Estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) corroboran esta tendencia creciente de longevidad: el ser humano vive de media seis años más que al comienzo de este siglo, con un promedio de la esperanza vida de 73 años. 

 

Las vacunas contra el coronavirus han sido un ejemplo de innovación y colaboración.

Foto: Las vacunas contra el coronavirus han sido un ejemplo de innovación y colaboración. Crédito: Kkolosov / Pixabay

Por Patricia Tejeiro

Enfermedades como la polio o la viruela han pasado a la historia gracias a campañas intensivas de vacunación en todo el mundo. Hoy en día, el mundo vive un proceso similar para tratar de erradicar la COVID-19 y recuperar la normalidad previa a la pandemia. El desarrollo de varias vacunas en cuestión de un año ha supuesto todo un hito de la ciencia médica. Hasta ahora el récord para desarrollar una vacuna estaba en cuatro años, como recordaba en pleno confinamiento la Asociación Española de Vacunología.  

El éxito ha sido posible gracias a una combinación de factores que ha permitido un impulso de la ciencia de diseño de vacunas. La principal novedad, que abre paso a una creación acelerada de nuevas vacunas en el futuro, es su funcionamiento a través de ARN mensajero. Hasta ahora, las vacunas estaban formadas por una serie de anticuerpos que se obtienen a partir de microorganismos muertos o atenuados de la enfermedad o virus a tratar.

Todo eso cambia con el ARN mensajero. En esta modalidad, la vacuna genera instrucciones a algunas células para que generen la proteína necesaria para que el virus entre en el organismo. Al detectarlo, el sistema inmunitario de la persona produce los anticuerpos necesarios. Es decir: las vacunas no contienen el virus, sino una especie de señuelo para que el sistema lo detecte y lo combata.

Colaboración con 'start-ups'

La innovación conlleva tiempo, esfuerzo y dinero. Igual que sucede en otros campos como el intech, la colaboración entre grandes empresas y start-ups se torna una opción para compartir conocimientos y agilizar procesos. "En la adopción de esas nuevas tecnologías, las farmacéuticas que naturalmente no han nacido con esta vocación digital van a buscar esta agilidad y este acceso al conocimiento fuera", señala Xavier Contijoch, director de Opinno Barcelona y experto en el sector farmacéutico.

Es el caso de la alianza del gigante alemán Pfizer con el laboratorio BioNTech. Esta colaboración es un ejemplo de éxito de alianza estratégica entre dos empresas que persiguen un mismo fin. El laboratorio, fundado en 2008 por una pareja de científicos alemanes de origen turco, desarrollaba medicamentos contra el cáncer basados en el ARN mensajero y había comenzado a probar la técnica en una posible vacuna contra la COVID-19.

Sin embargo, BioNTech no tenía el tamaño suficiente para hacer las pruebas necesarias y distribuir posteriormente la vacuna a gran escala. Pfizer por su parte contaba con los medios, pero no con la tecnología. Además, ambas empresas habían colaborado en el desarrollo de una vacuna para la gripe usando el mismo método del ARN mensajero y pudieron negociar rápido. Gracias a esta colaboración, ambas empresas lograron algo de lo que carecían: Pfizer, conocimiento y la innovación del laboratorio; BioNTech, los medios y la capacidad de distribución y negociación de una gran multinacional.

Las nuevas vacunas abren la puerta a desarrollos más rápidos y específicos para el futuro.

Foto: Las nuevas vacunas abren la puerta a desarrollos más rápidos y específicos para el futuro. Crédito: Artem Podrez / Pixabay

Apoyo público y mirada de futuro

Una campaña que tiene un gran componente de impacto público y que debe demostrar tanto su eficacia como su seguridad no puede tener éxito sin la implicación de los poderes públicos. En este sentido, prácticamente todas las empresas que están desarrollando vacunas cuentan con importantes inyecciones de financiación pública.

No solo eso, sino que la agilidad necesaria para el desarrollo de vacunas ha llevado a promocionar el desarrollo de marcos favorables para la investigación y para el impulso de la digitalización en salud.  Como explica Contijoch: "Ahora hay mucho I+D y hay muchos researchs que hacer en temas de salud digital, pero si no hay un marco regulatorio claro las empresas no invertirán".

Un ejemplo es la Ley de Suministro Digital que ha aprobado el Parlamento Alemán. Esta legislación abre la puerta para incorporar aplicaciones móviles de salud al catálogo de prestaciones sanitarias del país y cuya financiación será reembolsada o subvencionada por parte de las compañías de seguros y del sistema nacional de salud.

De esta manera, el país ofrece un mercado más atractivo para que empresas y start-ups de salud digital centren su estrategia de negocio allí. Un modelo que debe trasladarse a otros países si quieren atraer talento e innovación. Así lo afirma el experto de Opinno: "En Alemania se ha apostado muy claramente por fomentar la regulación y el reembolso de terapias digitales. Esto ha provocado que muchas start-ups hayan focalizado su go to market en este país. En este sentido, hace falta una apuesta del Gobierno para invertir y atraer el talento de investigación a España".

Inteligencia artificial para crear medicamentos

Una de las prioridades de digitalización de la industria farmacéutica pasa por implantar procesos de inteligencia artificial (IA) en el desarrollo de fármacos. Gracias al análisis de grandes bases de datos y el aprendizaje automático, la IA puede agilizar el proceso de investigación. "El uso de la inteligencia artificial ha podido agilizar el proceso análisis de los datos históricos que se utilizan para evaluar las moléculas más idóneas en el desarrollo de un fármaco", señala Contijoch.

La digitalización también ha aportado su granito de arena más allá del diseño en los nuevos fármacos. Su implantación ha facilitado el seguimiento de los pacientes que participan en los ensayos clínicos. "Existen mecanismos de digitalización que se aplican a estos ensayos para facilitar el seguimiento del paciente y acortar de alguna forma los ciclos del trabajo en los estudios clínicos", añade Contijoch.

Desde que en 1796, Edward Jenner probara la primera vacuna, el objetivo de los inmunólogos ha sido el mismo: salvar vidas. La tecnología y el espíritu innovador siempre han guiado este camino y ahora pueden ayudar a superar la mayor crisis de salud pública de la historia reciente.

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