La pandemia ha impedido que las empresas y las start-ups se relacionen como antes dentro del beneficioso marco de la innovación abierta. Por eso, y con un horizonte optimista, ahondamos en cómo las organizaciones deben y pueden reinventarse para que sus relaciones con terceros sigan siendo fructíferas

La nueva innovación abierta tras el coronavirus

Foto: La nueva innovación abierta tras el coronavirus. Crédito: Unsplash

La innovación abierta es uno de los grandes temas de la última década ya que durante años ha supuesto que grandes empresas con ganas de colaborar descubriesen y potenciasen start-ups y emprendedores con buenas ideas en una relación beneficiosa para ambas partes, creando y lanzando nuevos productos y líneas de negocio. La agilidad y las nuevas ideas de las start-ups y el poder económico y experiencia de las empresas consolidadas es una de las combinaciones más provechosas demostradas dentro del sector privado.

Pese a ser un término relativamente moderno (nació a principios de los 2000) la innovación abierta ha supuesto un cambio de paradigma empresarial en un entorno que era muy cerrado, poco amigo de los cambios y de la colaboración con agentes externos. El modelo tradicional basado en la innovación interna para destacar sobre la competencia pasó a un nuevo esquema donde la colaboración y las puertas abiertas demostraron que innovar podía ser más fácil y colaborativo entre empresas, buscando así el beneficio para todas.

Henry Chesbrough, profesor de la Universidad de Berkeley y uno de los fundadores de este concepto, resumía que la innovación abierta no es otra cosa que "el uso de los flujos internos y externos de conocimiento para acelerar la innovación interna y ampliar los mercados para el uso externo de dicha innovación". Es decir, la antítesis del modelo tradicional, donde las actividades internas de innovación conducían a productos y servicios desarrollados dentro de la empresa para luego ser explotados por ellos mismos, sin la participación de terceros.

IBM, Microsoft, AT&T o Xerox son casos que sirvieron a principio de esa década para confirmar que la innovación abierta era útil en un mundo globalizado y donde las ideas tenían cada vez más valor y oportunidades de triunfar. Las líneas de negocio se volvieron más flexibles para aprovechar estas sinergias entre emprendedores, 'startups' y empresas. Y ejemplo de ello tenemos distintos casos en España, como podrían ser BBVA o Mapfre, por ejemplo.

El futuro es abierto

Foto: El futuro es abierto. Crédito: Unsplash

 

El futuro es abierto

Si bien las empresas en 2020 habían demostrado que ya habían captado la idea, el coronavirus trastocó los planes de colaboraciones y cooperación entre compañías en todo el mundo. Para algunos supuso el fin de esta relación abierta y potencialmente fructífera, y para otros no trajo otra cosa que la confirmación de que sin la innovación abierta no había futuro posible a su negocio.

"Durante la pandemia ha habido empresas que han continuado esforzándose y engrasando la maquinaria de la innovación abierta y otras que han decidido ahorrar en esfuerzos y dinero porque en épocas de incertidumbre es de donde se suele cortar el suministro", explica Elena Rodriguez, directora del Open Innovation & Market Intelligence en Opinno, que añade: "La cuestión es que cuando todo esto acabe serán las primeras quienes estén en una posición privilegiada respecto a la competencia".

En esa misma línea opina Raúl Sánchez, director de Estrategia y Alianza de Las Rozas Innova y miembro del consejo del Centro de Tecnología e Innovación para el Desarrollo de la Universidad Politécnica de Madrid, que defiende que, dependiendo de cómo vean los equipos directivos la innovación abierta, decidirán si merece o no la pena trabajar con ella.

"La pregunta que hay que hacerse es '¿dónde colocas la innovación abierta dentro de tu empresa?' Puede ser un concepto transversal o tan sólo un elemento más. Si piensas que es un gasto será lo primero que recortes en tiempos de crisis, pero si crees en ella lo que harás será invertir", explica Sánchez.

Para ambos expertos, el 2020 ha dado una lección clara a las empresas que se resumen en que el futuro será abierto y colectivo, ya que de lo contrario sobrevivir no está garantizado para ninguna compañía.

Trabajar desde casa, una oportunidad desafiante

Foto: Trabajar desde casa, una oportunidad desafiante. Crédito: Unsplash

Trabajar desde casa, una oportunidad desafiante

En cuanto al uso del teletrabajo en el marco de la innovación abierta tras la pandemia, Elena Rodríguez postula que será una ventana de oportunidad a la hora de unir a varias generaciones en un mismo medio de trabajo y colaboración.

"De los jóvenes 'millenials' hacia abajo esta situación no va a suponer ningún problema, porque son una generación que ha vivido al amparo de la tecnología y están acostumbrados a dicho modelo, pero de éstos hacia arriba creo que sí se van a ver afectados, porque la manera que tienen de confiar en unos y otros se basa, en gran medida, en verse en persona. Creo que es una oportunidad para que ambas generaciones se nutran entre ellos", confía la directora.

Además de esta ventana de oportunidad, Rodríguez cree que el trabajo en remoto ya ha empezado a demostrar que rompe las barreras geográficas de la innovación abierta a la vez que también demuestra que no todo son ventajas, siendo esto último el escollo a salvar en el futuro más inmediato.

"Algo muy positivo sobre el teletrabajo es que amplía la oferta de abanico empresarial en determinadas acciones de colaboración abierta relacionadas a negocio, pero en cuanto a creatividad, está claro que el trabajo en remoto puede afectar a esa magia que surge del contacto entre personas y profesionales", indica.

Aprendizaje del hoy para triunfar en el mañana

Foto: Aprendizaje del hoy para triunfar en el mañana. Crédito: Unsplash

Aprendizaje del hoy para triunfar en el mañana

Pese a que la visión actual sea pesimista, los expertos tienen claro que hay que tomar notas y estudiar el presente para poder sortear las dificultades que se presentarán en el futuro, y la crisis espontánea que ha supuesto el coronavirus es un modelo muy pocas veces visto y perfecto para observar nuevos escenarios y oportunidades.

"Algo que nos ha enseñado la pandemia es que la innovación abierta no debe darse tan sólo entre empresas privadas, sino que el sector público y el sector privado están obligados a entenderse por el bien de todos, y la crisis sanitaria es el mejor ejemplo que podíamos tener", razona Sánchez.

Si bien las compañías privadas y las start-ups han sido las grandes beneficiadas en esta colaborativa relación durante años, las instituciones públicas pueden y deben realizar un necesario rol de big player del cual todos los actores se beneficien, tanto por el lado privado como por el público, o así lo ve el director de Estrategia y Alianza de Las Rozas Innova cuando se plantea el futuro más inmediato de la innovación abierta.

Debemos de aprender de los problemas del hoy para afrontar con perspectiva los retos del mañana. Es algo que tienen claro los expertos, ya que como defiende Elena Rodríguez "en la propia la naturaleza de la innovación abierta encontramos el aprendizaje como herramienta indispensable, donde se van limando los errores y los problemas durante este proceso colaborativo".

El talento debe tener libertad para colaborar, para crear y para aprovecharse de los recursos disponibles ya que en ese proceso muchos pueden beneficiarse y, sin la innovación abierta este proceso es apenas se da en el mundo empresarial. Si queremos poder afrontar esta pandemia y prepararnos para los futuros problemas, la única forma será afrontando el presente y apostando por la colaboración, porque en la colaboración está la llave del éxito.

 

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