La pandemia ha sacado a la luz las carencias logísticas y humanas de numerosos sistemas públicos de salud del mundo y ha abierto una ventana para transformar los hospitales del futuro en unos más virtuales e innovadores

Ilustración elaborada por Kevin Kobsic que retrata a enfermeros durante la COVID-19.

Foto: Ilustración elaborada por Kevin Kobsic que retrata a enfermeros durante la COVID-19. Crédito: Unsplash

Por Marta Sotres

Como si de un terremoto silencioso se tratase, el virus de la COVID-19 ha tambaleado con fuerza la estabilidad de las infraestructuras sanitarias globales y ha agitado la necesidad de adaptar los espacios sanitarios de importancia crítica a unos más flexibles, innovadores y capaces de hacer frente a nuevos retos sociales.

A su paso, la pandemia ha dejado al descubierto las grietas de las condiciones sanitarias de numerosos países y ha visibilizado la interdependencia entre salud y economía, rescatando la importancia de la salud como una inversión a futuro. Así lo refleja el hecho de que el 86% de los ciudadanos de España, uno de los países más golpeados, crean que la pandemia ha evidenciado las carencias del Sistema Nacional de Salud, según los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de octubre de 2020.

Una perspectiva ciudadana que también es compartida a escala global por los ministros de Sanidad del G-20, quienes coinciden en que la COVID-19 ha dejado patentes "debilidades sistémicas en los sistemas de salud", y ante las que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha decidido actuar creando el Consejo de Economía de la Salud para Todos, destinado a las inversiones en el sector sanitario y a lograr un crecimiento económico mundial sostenible, inclusivo y con foco en la innovación.  

Un desafío logístico y humano en tiempo récord

Una enfermera sentada en el suelo en un hospital de Rusia

Foto: Una enfermera sentada en el suelo en un hospital de Rusia. Crédito: Unsplash

El colapso hospitalario ante el repunte de pacientes, la falta de personal médico y la ausencia de recursos materiales para garantizar las medidas necesarias de higiene fueron algunas de las carencias más importantes a las que se vieron expuestos la mayoría de los sistemas sanitarios de países del mundo: desde China hasta Estados Unidos.  

Para tratar de suplir esas carencias y dar cobertura, al menos a corto plazo, a los pacientes, se fueron adoptando diversas soluciones en tiempo récord. En la ciudad china de Wuhan, epicentro de la pandemia, el gobierno del país construyó un hospital exprés en tan solo diez días, y en capitales europeas como Madrid también se erigieron edificaciones contra reloj, hospitales de campaña y morgues improvisadas. Además, se rediseñaron hoteles y trenes medicalizados para pacientes contagiados y personal sanitario. Países como Alemania, Francia o Países Bajos realizaron traslados intercomunitarios de pacientes ante el colapso de sus sistemas sanitarios.

Sin embargo, la crisis del coronavirus demuestra que su desafío va más allá de acciones logísticas temporales, el sistema sanitario demanda en la actualidad soluciones a largo plazo, que puedan garantizar una innovación estructural sostenible a futuro.

La innovación se abre camino

Un hombre recibe atención sanitaria por videollamada.

Foto: Un hombre recibe atención sanitaria por videollamada. Crédito: Shutterstock.

Como sugiere el director general de la OMS, Tedros Adhanom, "no solo necesitamos más inversión pública, también tenemos que replantearnos qué valor otorgamos a la salud", y añade que "ha llegado el momento de escribir un nuevo relato" que deje de considerar la salud como un coste y pase a ser "la base de economías productivas, resilientes y estables".

Una idea con la que coincide el director de Opinno Barcelona y experto en innovación, Xavier Contijoch, quien afirma que la COVID-19 ha traído consigo un "cambio de mentalidad tanto en los pacientes como en los médicos" y una "aceleración de la digitalización del sector sanitario". Contijoch detalla, por ejemplo, cómo el uso de plataformas de telemedicina y tecnologías como la inteligencia artificial (IA) se convertirán en grandes aliadas de los profesionales en el seguimiento de enfermos crónicos y en el monitoreo remoto de la evolución de enfermedades.

En este sentido, un equipo internacional de investigadores de Google Health y del Imperial College de Londres demostró a principios de este año que su algoritmo de IA podía ser más preciso que los profesionales médicos a la hora de diagnosticar el cáncer de mama, según una investigación publicada en la revista Nature.

Por otro lado, durante la actual segunda oleada de la COVID-19, los avances en digitalización del sector ya se están materializando en iniciativas concretas. Por ejemplo, el Hospital Universitari Vall d’Hebron ha implementado un proyecto innovador en el área de enfermería "QR-Nurse" que busca, mediante la tecnología de códigos QR, transferir el conocimiento en vídeo sobre procedimientos de enfermería y de práctica clínica sencilla de forma rápida y accesible. Una iniciativa muy útil para formar a profesionales en tiempo récord ante repuntes asistenciales.

Además, el especialista Contijoch considera que "hay avances que han llegado para quedarse" y lo ejemplifica con un procedimiento que antes era impensable por motivos regulatorios: "Durante la crisis del coronavirus se comenzaron a dispensar fármacos a los domicilios de los pacientes más necesitados". La atención hospitalaria llegará progresivamente y de manera virtual a la casa del ciudadano y los dispositivos de monitorización le convertirán en un agente activo del control de su propia salud. De hecho, la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria ha activado recientemente un nuevo Fondo Solidario COVID para dispensar medicamentos a domicilio que garantiza la seguridad de los pacientes de riesgo.

Bienvenidos al hospital del futuro

"Ya se está dando forma al hospital digital del futuro", afirma Contijoch, que detalla que se trata de "construir mundos virtuales que engranen al mismo tiempo un espacio físico cuando sea necesario (intervenciones de urgencia, por ejemplo) y una infraestructura virtual para otras atenciones sanitarias".

En definitiva, los hospitales virtuales llegarán con un objetivo que apunta el experto: "Despresurizar el sistema sanitario y democratizar el acceso a la salud, pero conservando la calidad del servicio, que es el verdadero reto: mantener a la gente en casa el mayor tiempo posible de forma segura y con garantías".

Por su parte, la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) y la Fundación Instituto para la Mejora de la Asistencia Sanitaria (IMAS), también radiografía en su informe El Hospital del Futuro los elementos centrales que reconfigurarán los modelos hospitalarios hacia unos más "fluidos". Entre ellos destacan que la medicina interna ganará protagonismo, la digitalización administrativa tendrá mayor impulso y la telemedicina y la vídeo-monitorización cobrarán peso a la hora de descongestionar los espacios sanitarios.

A largo plazo, concluye Contijoch, el sector sanitario va a experimentar "una nueva estrategia de innovación digital muy clara", sobre todo en relación con uno de los grandes "factores limitantes del sector sanitario: el acceso al dato del paciente". Se buscarán "estructuras eficientes para compartir datos de forma segura y anonimizada entre todos los actores del sector para dar una mejor sanidad al ciudadano".

En el futuro, los desafíos demográficos, climáticos y sociales seguirán aportando nuevos "temblores" al sector sanitario, pero si se logra integrar la innovación en la salud, su impacto futuro no tendrá la potencia suficiente para desestabilizar las infraestructuras críticas.

 

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