Las nuevas formas de producción, consumo y distribución de la energía están dando lugar al desarrollo de un nuevo modelo eléctrico más cercano con el usuario final y más respetuoso con el medioambiente

La generación distribuida hace uso de las energías renovables y contribuye a reducir las emisiones. 

Foto: La generación distribuida hace uso de las energías renovables y contribuye a reducir las emisiones. Crédito: Unsplash

Por Alba Casilda

La generación y distribución de energía ha dependido, principalmente, de grandes centrales eléctricas. Ahora, se está impulsando un nuevo modelo para construir entornos más limpios donde los usuarios finales tienen la capacidad de generar, consumir y compartir energía. Para ello, basta con instalar placas solares en el tejado de su vivienda y configurar una comunidad donde unos producen su propia energía renovable, al mismo tiempo que otros se pueden conectar a dicho tejado para disfrutarla. Esta manera de producción y autoconsumo de energía forma parte del nuevo modelo energético de generación distribuida en el que se está trabajando a escala nacional e internacional.

Según señala La guía básica de la generación distribuida, elaborada por la Fundación de la Energía de la Comunidad de Madrid, existen varias definiciones para explicar la tendencia de la generación distribuida. Por un lado, recuerda la del Distribution Power Coalition of America (DPCA), donde se explica que se trata de "cualquier tecnología de generación a pequeña escala que proporciona electricidad en puntos más cercanos al consumidor que la generación centralizada y que se puede conectar directamente al consumidor o a la red de transporte o distribución". Por otro, también menciona la visión de la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés), que se refiere solo a aquella tecnología que "se conecta a la red de distribución en baja tensión y la asocia a tecnologías como los motores, mini- y microturbinas, pilas de combustible y energía solar fotovoltaica".

En resumen, la generación distribuida se trataría del aprovechamiento de nuevas tecnologías para que el consumidor final pueda consumir y compartir la energía que él mismo produce. De esta forma, la producción estaría cerca del punto de consumo y se haría desde pequeñas fuentes, al contrario de lo que ocurre en el sistema tradicional donde la producción se hace de forma centralizada a partir de grandes fuentes. Según señala el documento de la Comunidad de Madrid, la idea es construir un escenario en el que ambos sistemas se complementen.

Hacia un modelo internacional de energía limpia

La creación de este nuevo sistema de generación y consumo tiene una envergadura internacional. De hecho, en el Paquete de Energía Limpia, la Unión Europea (UE) establece el marco legislativo para fomentar la eficiencia energética y el uso de energías renovables. Se trata de aspectos legales que deben tener en cuenta las eléctricas con la finalidad de alcanzar los objetivos energéticos marcados para 2030. Entre otras cosas, invita a impulsar el autoconsumo y establece el derecho de los consumidores a generar, almacenar, usar y compartir la energía renovable.

Una de las formas para fomentar ese autoconsumo es impulsar la generación distribuida. Tal y como se explica desde Endesa, para ello haría falta llevar a cabo estrategias de microgeneración. Estas implican el uso de energías renovables y, por tanto, reducirían las emisiones de CO2.Por ejemplo, se pueden instalar aerogeneradores en el alumbrado para que las farolas se autoalimenten; impulsar el uso de vehículos eléctricos que aportan energía a la red; así como instalar placas fotovoltaicas en el tejado de un edificio, de manera que pudiera ser autosuficiente a nivel eléctrico y aportar el excedente de electricidad a otros lugares cercanos de la ciudad.

Aunque es cierto que ya se podían instalar paneles solares desde hace muchos años, "ahora comienza a haber un cambio de mentalidad tanto en los consumidores como en las empresas", apunta Amelia Hernández, innovation strategist y communication manager de Opinno. Asimismo, añade que "se aprecia una preocupación por parte del público por soluciones alternativas más verdes. Además, al pasar más tiempo en casa, la gente da mayor importancia al consumo energético".

Compartir es vivir

Esta generación distribuida ha dado lugar a la creación de comunidades para compartir recursos. Un ejemplo es el de Solmatch, lanzado por Repsol. Se trata de una solución para diseñar comunidades solares y generar electricidad local y renovable en entornos urbanos.

Los integrantes de dichas comunidades pueden jugar dos roles. Por un lado, existen los roofers. Pueden asumir este papel colegios, vecinos, entidades públicas, casas de particulares, gimnasios y empresas. Estos aprovechan el espacio inutilizado de su tejado instalando placas solares. De esta forma, tienen acceso prioritario a la energía que producen, así como también la pueden compartir.  Por otro, se encuentran los matchers, es decir, los hogares que se conectan a una comunidad solar situada a un máximo de 500 metros para sacar partido de la energía que producen los roofers.

: Los particulares pueden instalar placas solares en el tejado de su casa para generar y compartir su propia energía con sus vecinos

Foto: Los particulares pueden instalar placas solares en el tejado de su casa para generar y compartir su propia energía con sus vecinos. Crédito: Pexels

Otra solución es la propuesta por la cooperativa EnergÉtica, que lleva a cabo diferentes opciones de instalaciones. Por ejemplo, una de sus soluciones se dirige a las comunidades de vecinos para que generen su propia energía y abastezcan los servicios comunes. No obstante, este tipo de acciones no solo son para los particulares. Por ejemplo, dicha organización también se dirige a ayuntamientos que deseen instalar paneles solares en alguno de sus edificios y así destinar la producción a cubrir las necesidades de familias en riesgo de exclusión.

Iberdrola es otra compañía que también se ha sumado al autoconsumo colectivo a partir de la creación de comunidades solares. Para ello, cuenta con su programa Smart Solar. Funciona de forma similar a los casos anteriores y permite a diferentes entornos generar su propia energía 100% renovable y repartirla entre los vecinos.

Este tipo de iniciativas fomentan el desarrollo de las smart cities, ciudades inteligentes que integran la tecnología para mejorar su funcionamiento. Según explica Hernández, hasta el momento las smart cities se han centrado más en cuestiones de movilidad y añade que "ahora se están proponiendo nuevas fórmulas para llevar esa inteligencia al consumo energético en los hogares".

Beneficios y retos de un entorno más local y limpio

La generación distribuida, a través de ejemplos como las comunidades solares, repercute de manera positiva al medioambiente y tanto empresas como particulares pueden sacar partido de este nuevo modelo:

  • Sistemas más limpios. La generación de energía se realiza de una forma más respetuosa con el entorno, ya que se obtiene a partir de energías renovables que, a su vez, son las más adecuadas para situarse cerca de los puntos de consumo.
  • Ahorro económico. A través del autoconsumo, los particulares pueden gestionar mejor sus costes.
  • Eficiencia de la producción. Al ser distribuida en un entorno local, la energía generada se utiliza en puntos cercanos entre sí y se evita que se pierda durante el transporte, ya que no tiene que recorrer grandes distancias por la red eléctrica.
  • Reducción del riesgo si alguna fuente de energía falla. Al contar con diversos puntos de generación de energía en la ciudad, la red no se verá tan afectada si alguno de ellos tiene algún problema.

"A partir de la COVID-19, la gente está desarrollando una vida más local. A través de este tipo de sistemas, las empresas podrán acercarse más a los ciudadanos, atender sus nuevas necesidades y reflexionar sobre cómo pueden aprovechar los recursos para apoyar los nuevos hábitos de los consumidores", asegura Hernández.

Asimismo, señala que el panorama energético se dirige hacia la generación distribuida, pero también resalta que en ese trayecto las compañías van a tener que superar una serie de obstáculos. "En primer lugar, deben tener una mentalidad más abierta y, por otro, han de moverse en un entorno muy regulado. No consiste en detener la explotación de energía de fuentes tradicionales. Eso implicaría un cambio geopolítico y económico inmenso. Se trata de un proceso en el que las nuevas fórmulas convivan con las actuales", añade.

Está claro que la sociedad tiene la obligación de crear entornos más limpios. La generación distribuida, a través de iniciativas como las comunidades solares, forma parte del camino a seguir para lograr sistemas más eficientes y respetuosos. Será un proceso en el que consumidores y empresas estarán más cerca que nunca.

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