La difusión de bulos ha sido una constante a lo largo de toda la pandemia, lo que ha dañado la confianza de la población en la ciencia y en las instituciones relacionadas con ella. Sin embargo, es posible recuperar la credibilidad con una comunicación adecuada y con transparencia.

Cómo luchar contra el impacto de la desinformación de la COVID-19

Foto: Cómo luchar contra el impacto de la desinformación de la COVID-19. Crédito: Kaboompics/Freepik.

Por Isabel Reviejo


El mito de que las vacunas desarrolladas para combatir la COVID-19 modifican el ADN, la irreal relación entre la enfermedad y el 5G, las publicaciones erróneas que apuntaban a que el multimillonario George Soros poseía un laboratorio en Wuhan donde se "fabricó" el virus… La evolución de la pandemia ha venido acompañada de la propagación de desinformación que ha contribuido a la confusión de la población y ha complicado la respuesta ante el coronavirus, algo que también ha repercutido en las empresas. 


Ya en febrero de 2020, cuando el impacto de la pandemia estaba aún muy focalizado en China y no se había extendido por Europa y otras regiones del mundo, la OMS empezó a utilizar el término "infodemia" para referirse a la "cantidad excesiva de información" que circulaba en torno al virus, dificultando que las personas pudieran distinguir entre lo que era verídico y lo que no. 


Aunque en un inicio estos contenidos giraban en torno al origen de la COVID-19, luego los falsos remedios para prevenir los contagios tomaron el protagonismo, como también lo hicieron, posteriormente, los temas vinculados a la gestión pública y las vacunas. Esta propagación ha llegado a desembocar en consecuencias nefastas, como los centenares de muertes y hospitalizaciones que se han vinculado con la ingesta de alcohol o metanol con el objetivo de, supuestamente, acabar con la enfermedad.   


Si bien el problema de la desinformación es un mal contra el que se lleva luchando desde hace años en el entorno digital, el hecho de que la pandemia ponga en el centro cuestiones sobre ciencia y salud, con las que los ciudadanos no están tan familiarizados, ha dificultado la respuesta contra la información falsa. 


Son varios los factores que han convergido en este problema, de acuerdo con un informe realizado por el catedrático de la Universidad de Navarra Ramón Salaverría en colaboración con el Grupo de Trabajo Multidisciplinar (GTM), que ha asesorado al Gobierno en la atención de la pandemia. Algunos de ellos se enraízan dentro del propio sector, como la "aceleración de los procesos de publicación científica", que hizo que multitud de artículos sobre la materia vieran la luz en apenas unos meses, pero con un protocolo de evaluación debilitado. 


También ha repercutido, de acuerdo con esta investigación, la falta de cultura de divulgación científica. Así, la ausencia de referentes especializados para el gran público ha sido cubierta por otras figuras con menos conocimientos específicos o incluso personajes famosos sin formación en la materia. 
 

Los bulos contra las vacunas han perdido fuerza a medida que la vacunación ha avanzado.

Foto: Los bulos contra las vacunas han perdido fuerza a medida que la vacunación ha avanzado. Crédito: CDC/Unsplash. 

El efecto "bola de nieve" de la vacunación

Desde finales de 2020, la actualidad de la pandemia ha pasado a estar marcada por las vacunas. Aunque estas han sido uno de los objetivos recurrentes de los bulos, el inicio de los planes de inmunización en los países ha contribuido a que cada vez haya más personas que las consideren fiables. 

De acuerdo con un estudio del Imperial College de Londres realizado entre noviembre y febrero en 15 países (entre los que se encuentra España), la confianza en las dosis ha aumentado en la mayoría de las naciones examinadas, y, como media, el 58% de las personas encuestadas se mostraban dispuestas a recibirla.

"Hay un efecto bola de nieve. En cuanto la gente vio que la vacunación se daba con normalidad y que los casos de efectos secundarios graves no eran generalizados, se empezó a cuestionar la desinformación y comenzó a haber una mayor conciencia", apunta Carlos Hernández-Echevarría, coordinador de Políticas Públicas y Desarrollo Institucional de Maldita.es, uno de los principales medios de verificación en España. 


Freno desde las redes sociales

La fuerte viralidad en las redes de las publicaciones falsas, que se transmiten más rápido que las veraces, ha despertado la demanda social de que las propias plataformas actúen para regular su contenido y no permitir la difusión de bulos. Por ello, estas han respondido implementando políticas que pasan por suprimir contenidos que contribuyan a la desinformación.   

Un ejemplo fue la eliminación, el pasado año, de unas publicaciones de Facebook del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en las que alegaba que el virus es "mucho menos letal" que el de la gripe y que los niños son "casi inmunes" a él. 

Entre las medidas que se han puesto en marcha desde las redes están prohibir directamente ciertos contenidos, etiquetar publicaciones que puedan incluir información "potencialmente engañosa" o bloquear a ciertos usuarios y canales. En este sentido, Twitter ha informado que ya ha suspendido de forma permanente 2.400 cuentas, hasta el pasado 1 de marzo. 

A pesar de esto, Hernández-Echevarría señala que "la gran mayoría de desinformación se genera en redes de mensajería privadas antes de dar el salto a las redes públicas". Por eso, enfatiza que los esfuerzos para combatir este mal han de centrarse en estos canales, y también apela a que "más allá de que las plataformas tomen medidas, todos, individualmente, debemos ser menos crédulos, más cautos, y tenemos que acostumbrarnos a hacer una mínima comprobación" antes de compartir un contenido. 
 

Las instituciones tienen que estar en todas las plataformas donde esté la desinformación.

Foto: Las instituciones tienen que estar en todas las plataformas donde esté la desinformación. Crédito: Victoria Heath/Unsplash.

Transparencia y adaptación, claves en la lucha contra la desinformación

Más allá del impacto que pueden tener en la salud de las personas, las noticias falsas sobre el coronavirus han llegado a tener repercusiones directas en las empresas. "A finales de febrero de 2020, se viralizó un bulo sobre que los dueños de una tienda de un ciudadano de origen chino eran de Wuhan y que estaban en cuarentena. Era mentira. Naturalmente, esto perjudicó a esa familia y a la tienda. El bulo llegó a tal extremo que el autor del mensaje, una cadena de Whatsapp, salió a pedir disculpas", ejemplifica Joaquín Ortega, director de Contenidos de Newtral.es.

Por ello, desde las corporaciones y las instituciones públicas y privadas, la gran pregunta es: ¿cómo hacer para que los contenidos que lleguen a los ciudadanos sean veraces y evitar que la desinformación se abra camino? 

"La clave es, sobre todo, que las empresas sean muy honestas en lo que comunican, hacia el exterior —clientes, stakeholders y la sociedad en su conjunto— y hacia sus empleados. Hemos pasado de un concepto de comunicación en el que todo era positivo y no se podían decir cosas negativas a uno en el que prima decir las cosas como son", argumenta Carlos Corominas, director de Contenidos de Opinno. 

Un aspecto en el que coincide el experto de Maldita.es, que apunta que lo imprescindible es "ser transparente y diligente compartiendo información de calidad": "Si se deja un vacío, como institución se está asumiendo un riesgo enorme. Hay que hacer que la información esté disponible antes de que llegue la desinformación".

El énfasis, también, se pone en el "dónde". La información certera, de acuerdo con Hernández-Echevarría, "tiene que estar en todos los sitios donde está la desinformación; donde ha llegado el bulo tiene que llegar el desmentido". Esto es una dificultad añadida, dado que los contenidos engañosos están "en todas las redes y todos los formatos", lo que implica que las instituciones deban tener la capacidad de adaptarse a todos ellos, ajustando su mensaje de la forma que sea necesaria.   

Otro aspecto importante, subraya Corominas, es que la comunicación esté "basada en hechos" y refleje una implicación real de las empresas, para que no se caiga en una simple acción de greenwashing —nombre que reciben las acciones de marketing destinadas a posicionar a una marca o sus productos como "verdes", sin que sean realmente sostenibles—. La forma de hacerlo dependerá, en gran parte, del objetivo que se persiga.

"Para formatos más reposados, se puede utilizar un podcast a modo de entrevista, que es algo que muchas empresas están haciendo, con branded content; para formatos más emocionales se pueden utilizar vídeos o incluso se puede establecer canales directos de comunicación con empleados y clientes a través de newsletters", agrega. 


Sea cual sea la fórmula elegida, la transmisión de información veraz se ha convertido en uno de los elementos básicos de las instituciones y empresas para afrontar la crisis pandémica, en unos momentos en los que la sociedad demanda, más que nunca, claridad.
 

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