Foto: Ann Aerts, Head of the Novartis Foundation. Créditos: Novartis Foundation.

 Por Elena Astorga

Las enfermedades cardiovasculares fueron responsables de 20,5 millones de muertes en 2021, la primera causa de muerte a nivel global. Según el World Heart Report 2023 de la Federación Mundial del Corazón, los fallecimientos relacionados con este tipo de patologías han aumentado un 60% en las tres últimas décadas.

Sin embargo, la tasa de mortalidad de las enfermedades cardiovasculares se redujo de 354,5 muertes por cada 100.000 personas en 1990 a 239,9 en 2019, según el mismo informe. Pero este descenso ha sido significativamente desigual entre regiones: por ejemplo, la tasa de mortalidad en África subsahariana pasó de ser 1,2 veces mayor que la de los países de ingresos a 2,1 veces superior durante este período de tiempo. Según la Organización Mundial de la Salud, al menos tres cuartas partes de las muertes relacionadas con las enfermedades cardiovasculares se producen en países de medio y bajos ingresos. La detección de estas patologías es más tardía, y el acceso a servicios sanitarios de calidad, menor. Es decir: los habitantes de países como Mongolia, Senegal y Brasil tienen más probabilidades de fallecer a consecuencia de una enfermedad cardiovascular, y a una edad más temprana.

Por eso fueron estos tres países los seleccionados por la Fundación Novartis, el brazo filantrópico de la biofarmacéutica suiza Novartis, para implementar su programa piloto CARDIO4Cities. Ulán Bator, Dakar y São Paulo fueron el terreno de prueba de una metodología que se vale de datos y analítica para estudiar, predecir y prevenir las enfermedades cardiovasculares en poblaciones urbanas. Y los resultados no se han hecho esperar: se estima que entre uno y dos años tras su implantación la iniciativa ha logrado prevenir, respectivamente, hasta el 10%, 3% y 12% de los ataques al corazón en estas urbes. Ann Aerts, cabeza de la Fundación Novartis, comparte los hitos, retos y estrategias que marcarán el futuro de la lucha contra las enfermedades cardiovasculares.

La iniciativa CARDIO4Cities ha demostrado tener un importante impacto positivo en la salud cardiovascular de la población. ¿En qué tecnologías se basa este enfoque y cómo contribuye a reducir la incidencia y la mortalidad de las enfermedades cardiovasculares?

Queríamos demostrar que se puede mejorar rápidamente la salud cardiovascular de una gran población centrándose en la detección precoz y en una mejor calidad de la atención, lo que significaba estandarizar la atención primaria mediante el uso de datos y tecnología digital. Los resultados fueron similares en todas las ciudades: en un año y medio de implementación pudimos triplicar las tasas de control de la presión arterial, lo que se tradujo en una reducción de hasta el 13% de los accidentes cerebrovasculares.

Tuvimos éxito, por un lado, porque la iniciativa fue impulsada y asumida como propia por las autoridades locales. Todo lo que hicimos, incluido el diseño, la definición de las primeras intervenciones y el sistema de medición del progreso y el impacto, se creó conjuntamente con ellos, de modo que los socios locales se sintieron implicados desde el principio. Después utilizamos datos en tiempo real para consultar periódicamente con los responsables de la toma de decisiones y que así pudieran rediseñar las intervenciones cuando fuera necesario.

Recogimos esos datos de distintas formas en cada una de las ciudades, pero siempre integrados en el sistema local de información sanitaria. En São Paulo, por ejemplo, realizamos pruebas de detección de enfermedades cardiovasculares en estaciones de metro o estadios de fútbol, utilizando tecnología Bluetooth para remitir automáticamente al sistema sanitario a quienes daban positivo. En Vietnam, formamos a dependientes de pequeños comercios como salones de manicura o peluquerías, donde la gente suele pasar mucho tiempo, para que midieran la tensión arterial, y los resultados también se transferían automáticamente al sistema sanitario.

La Fundación Novartis pretende ahora reproducir el enfoque CARDIO4Cities en otras ciudades en colaboración con los gobiernos y otros socios locales a través del Acelerador CARDIO4Cities. ¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta la colaboración público-privada a la hora de implantar tecnologías sanitarias digitales?

La principal condición para replicar y ampliar con éxito este enfoque de salud de la población es que las autoridades locales sean las que lleven la voz cantante. Debe existir una demanda real y la voluntad de los responsables políticos de abordar la salud cardiovascular como una prioridad. Nuestra experiencia nos dice que el planteamiento también debe estar orientado a las necesidades y centrado en el usuario, y que todos los agentes deben estar firmemente alineados en torno al mismo objetivo. Además, empezamos fijando objetivos concretos al inicio de la asociación, ya que son muy tangibles para quienes deben hacer el trabajo.

En algunos lugares, los recursos son limitados, y lo bueno del enfoque CARDIO4Cities es que se pueden aportar los datos que demuestran lo que funciona bien y lo que no, de modo que esos escasos recursos puedan asignarse a donde más se necesitan.

La Red de Equidad Sanitaria AI4HealthyCities pretende mejorar la forma en que las ciudades abordan las desigualdades en materia de salud cardiovascular, siendo la ciudad de Nueva York la primera en poner en marcha esta iniciativa. ¿Cómo pueden ayudar los macrodatos y la analítica avanzada a informar a los responsables de las políticas sanitarias de las ciudades, especialmente a la hora de abordar las desigualdades de calidad y acceso?

Creemos que debemos aprovechar el potencial de las grandes cantidades de datos disponibles hoy en día para avanzar en nuestra comprensión de qué determina la salud de las personas. Con el increíble poder computacional que tenemos en nuestras manos y las capacidades actuales de la ciencia de datos, podemos combinar los datos del sector sanitario con los de otros sectores que influyen en la salud e identificar qué impulsa la salud poblacional. Actualmente, sabemos que solo el 20 % de nuestra salud está vinculado a la asistencia sanitaria a la que accedemos, mientras que el otro 80 % está relacionado con las condiciones en las que nacemos, crecemos y envejecemos. Pero hasta ahora no ha habido ningún intento real de utilizar las posibilidades del big data y la IA para comprender el impacto combinado de todos estos factores sociales, económicos, medioambientales y culturales en nuestra salud.

Una vez que lo hagamos, podremos diseñar mejores sistemas sanitarios, que pasarán de ser pasivos a proactivos, predictivos y, en última instancia, preventivos. Con AI4HealthyCities, reunimos datos de todos los factores que influyen en la salud, ya sea la calidad del aire, la contaminación acústica, el tráfico, las oportunidades para hacer ejercicio físico, la situación de la vivienda, etc. Para poder entender el peso de cada uno de ellos en la desigualdad sanitaria. Una vez que sepamos cuál es la mejor o la peor combinación para la salud de la población, podremos pasar a la acción y ofrecer a los responsables políticos herramientas de simulación para la toma de decisiones.

La Fundación Novartis colabora con AI for Health de Microsoft, un programa filantrópico de 60 millones de dólares (unos 56,3 millones de euros) para potenciar a organizaciones sin ánimo de lucro, investigadores y organizaciones que abordan algunos de los retos más difíciles de la salud mundial. ¿Cómo ayuda la colaboración con las principales empresas tecnológicas a poner el potencial de las últimas tecnologías al servicio del bienestar público?

Es fundamental. Nosotros no tenemos la potencia computacional ni las capacidades de ciencia de datos necesarias para emprender una iniciativa ambiciosa como AI4HealthyCities, y el sector tecnológico carece de nuestra experiencia sanitaria. La combinación de ambos da lugar a innovaciones muy interesantes: por ejemplo, una primera parte de nuestra asociación con AI for Health de Microsoft fue la creación de AI4Leprosy. La lepra es una de las enfermedades más antiguas conocidas por la humanidad, pero no existe ninguna prueba diagnóstica y cada año se siguen detectando unos 200.000 nuevos casos. AI4leprosy es una herramienta que escanea las lesiones cutáneas y puede calcular la probabilidad de que sean lepra con una precisión del 92,5%. Esperamos poder acelerar la detección de la lepra gracias a esta nueva tecnología, y hacer que esta antigua enfermedad pase a la historia de una vez por todas.

Actualmente, nuestra asociación con Microsoft se centra en AI4HealthyCities, una asociación en la que todos salimos ganando: por nuestra parte, no podríamos llevar a cabo estos exhaustivos y ambiciosos análisis de datos sin sus capacidades; mientras que ellos no podrían reunir a todos los socios necesarios para traducir después los resultados en acciones de impacto.

Junto con la Fundación Norrsken, la Fundación Novartis ha financiado el HealthTech Hub Africa, situado en Kigali, para ayudar a impulsar el desarrollo de tecnologías sanitarias en África. ¿Cuáles son los retos a la hora de incorporar innovaciones en los sistemas de salud pública de la región, y cuál es el papel de aceleradores como el HealthTech Hub para conectar startups, inversores y gobiernos?

El HealthTech Hub Africa es un buen ejemplo de cómo la tecnología sanitaria puede revolucionar la forma de abordar la atención sanitaria en entornos como África. El centro ha acogido hasta ahora a dos cohortes, y estamos asesorando a 67 empresas emergentes y en fase de expansión para reforzar sus planes de negocio y ponerlas en contacto con inversores y otras partes interesadas. Esto ha dado lugar a que la mayoría de las startups estén ampliando sus soluciones a muchos países diferentes.

Uno de los retos en los entornos africanos es que los sistemas de salud pública no son tan ágiles a la hora de aprobar e introducir innovaciones tecnológicas. En la Fundación Novartis estamos trabajando con varios gobiernos africanos para entender cuáles son los obstáculos y cómo podemos ayudar a establecer los procesos normativos y legislativos adecuados. Además, los sistemas de salud pública trabajan con recursos escasos, especialmente para la innovación, y las nuevas empresas tienen que crear planes de negocio atractivos para los gobiernos.

Estamos reuniendo todas estas enseñanzas en una hoja de ruta para introducir rápidamente soluciones de HealthTech en los sistemas de salud pública africanos. Algunos gobiernos están muy abiertos a ello; por ejemplo, Ruanda ya apoya a varias de nuestras startups, al igual que Senegal, y establecen los primeros casos de uso para desarrollar la hoja de ruta.

Las 30 startups seleccionadas en la primera cohorte recaudaron más de 14 millones de dólares (unos 12,8 millones de euros) y crearon más de 300 puestos de trabajo a tiempo completo en toda África. ¿Cuáles son algunos de los proyectos más prometedores impulsados por la aceleradora?

Lifesten Health [ganadora del Cardiovascular Kigali Health Challenge 2022 de la Fundación], por ejemplo, es una aplicación de estilo de vida que ofrece recomendaciones saludables, pero también analiza los riesgos para la salud de los usuarios mediante inteligencia artificial. WeCare, dirigido por una emprendedora de Etiopía, es un proveedor de servicios sanitarios en línea que ganó nuestro reto #Play4Health (que pedía a las startups que se centraran en la salud vascular infantil) junto con Medtech Africa, que ha desarrollado una plataforma médica que permite a los cuidadores acceder rápidamente a datos de paciente procedentes de dispositivos de monitorización cardíaca.