Foto: La salud mental en el trabajo: el reto empresarial de aunar productividad y bienestar. Crédito: Freepik.

Por Laura Muñoz

Se estima que una de cada cuatro personas en todo el mundo padece algún problema de salud mental, según Naciones Unidas. Los más prevalentes son la depresión y la ansiedad, trastornos que, además, experimentaron un aumento significativo tras la pandemia de la COVID-19. Los síntomas depresivos incrementaron en un 28 %, afectando a 246 millones de personas en todo el mundo, en comparación con los 193 millones previos a la pandemia. Asimismo, los trastornos de ansiedad crecieron un 25%, pasando de 298 millones a 374 millones de afectados, como recoge un artículo de la revista médica británica The Lancet.

El trabajo puede mejorar el estrés y la ansiedad… pero también agravarlos

Según la OMSSegún la OMS, el empleo ha demostrado reducir los síntomas de la depresión y la ansiedad, ya que favorece una buena salud mental al proporcionar «un medio de vida, un sentido de confianza, propósito y logro y una oportunidad para entablar relaciones positivas e integrarse en una comunidad, así como una plataforma para rutinas estructuradas, entre otros muchos beneficios». No obstante, se calcula que cerca del 15 % de la población trabajadora mundial padecerá algún problema de salud mental en algún momento, lo que impactará directamente sobre su productividad. Actualmente, se pierden en el mundo alrededor de 12.000 millones de jornadas laborales al año por depresión y ansiedad, lo que supone una pérdida de 1 billón de dólares (952 millones de euros) anuales.

Los causantes de estos y otros problemas, como el agotamiento o el estrés, son los riesgos psicosociales, aquellos que derivan de las deficiencias en el diseño, la organización y la gestión del trabajo, así como de su entorno social, según la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo. Sergio Rodríguez, responsable de Talent & Culture de Opinno, explica que, para prevenir estos riesgos, es fundamental “definir la cultura organizacional, contar con herramientas para controlar la carga y el ritmo de trabajo, establecer un plan de carrera de desarrollo profesional, organizar teambuildings para fomentar las relaciones en el equipo y realizar periódicamente encuestas de clima laboral”.

En este sentido, las organizaciones también pueden activar acciones relacionadas con el salario emocional, es decir, con los beneficios tangibles o intangibles del puesto de trabajo que repercuten en la calidad de vida del empleado y que no quedan reflejados en la nómina: “Aquí se enmarcan acciones como la flexibilidad horaria, la modalidad híbrida de trabajo o el acceso a gimnasios, entrenamientos y clases dirigidas”, comenta Julia Martínez, Talent Acquisition Specialist de Opinno.

Las formaciones también forman parte de estos beneficios. Entre ellas destacan los programas de ‘reskilling’, enfocados en el aprendizaje de nuevas competencias, o los de ‘upskilling’, dirigidos al perfeccionamiento de habilidades para lograr promociones. También el ‘coaching’, como el acompañamiento que “entrena” al empleado para alcanzar su máximo potencial.

Foto: La salud mental en el trabajo: el reto empresarial de aunar productividad y bienestar. Crédito: Freepik.

¿Qué iniciativas se están llevando a cabo en el mercado?

Apostar por el bienestar de los empleados no solo ayuda a mejorar los niveles de productividad, sino que también contribuye a la atracción y retención de talento, una medida esencial teniendo en cuenta que el 15 % de los profesionales a nivel global cambiaron de trabajo en los últimos seis meses de 2022, según Randstad. Por esta razón, son muchas las compañías que están llevando a cabo iniciativas para dar prioridad a la salud mental en el entorno laboral.

Amazon, por ejemplo, ha incluido en su aplicación corporativa acceso directo a recursos relacionados con la salud mental, además de estar proporcionando a sus empleados vídeos educativos sobre el tema, horario flexible y permiso para ausentarse cuando sea necesario. Por su parte, Google ha implementado la aparición de textos automáticos para consultas de términos relacionados con la salud mental, especialmente con el suicidio. Con ello, pretende ayudar a las personas afectadas a iniciar una conversación de auxilio.

Por otro lado, Telefónica facilita un programa de salud y bienestar que, además de contar con medidas dirigidas a mejorar el entorno laboral del empleado, “integra otra serie de dimensiones, como el bienestar físico, emocional, mental, digital, financiero y social”, explica el director de Experiencia de Empleado de la compañía, David Alonso, en El País. Una iniciativa parecida está también en marcha en Danone Iberia, el programa BeWell, que actúa en tres ámbitos: salud física, bienestar mental o emocional y salud nutricional.

Mahou San Miguel también está trabajando en esta línea. La compañía cuenta con “Espacios de Salud” en sus centros de trabajo, en los que sus empleados pueden realizar ejercicio de forma gratuita y con el asesoramiento de profesionales. Además, está llevando a cabo programas de apoyo psicológico y de uso racional de los dispositivos digitales, entre otros.

Con esta tendencia al alza, algunas start-ups están desarrollando también herramientas que ayudan a las empresas a implementar este tipo de proyectos. Ejemplo de ello es Happyforce, un software que mide de forma continua el estado emocional de los empleados, así como su grado de compromiso, a través de aplicaciones digitales apoyadas en la inteligencia artificial. También PSonríe, que ofrece servicios de atención psicológica a empresas mediante una app por la que los empleados pueden solicitar cita con distintos profesionales de salud mental.

Son muchas las compañías que están adoptando iniciativas para preservar la salud mental en el ámbito laboral, pues esta contribuye a la motivación y compromiso de los empleados, así como a la creación de un ambiente positivo y productivo. No obstante, para que sean efectivas, requieren estar lideradas por equipos que “promuevan la escucha activa, los descansos y la cultura del feedback, así como la formación en habilidades emocionales, la diversidad y los entornos inclusivos”,matiza Sergio Rodríguez. Con esto, las organizaciones contribuyen a reducir el estigma asociado a estos problemas y a aportar las herramientas necesarias para afrontarlos.

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